La escasez de agua debe obligarnos a mejorar la gestión y distribución del líquido pero evitando su privatización

Rosa Rojas

La escasez de agua, un problema que se ha visto exacerbado por el cambio climático y que afecta en mayor medida a la población pobre, tiende a agravarse y fue identificada por el Banco Mundial (BM) como amenaza importante al crecimiento económico y la estabilidad global.

De acuerdo a información publicada en La Jornada, la falta del vital líquido puede reducir en 6 por ciento el producto interno bruto en algunas regiones, “debido a que es esencial en varios procesos productivos; provocar migraciones de grupos de población en busca de mejores oportunidades económicas y de subsistencia, y generar conflictos, incluso violentos, señaló el BM en el informe Situación crítica: el cambio climático, el agua y la economía“, difundido el 3 de mayo.

En su estudio, el Banco Mundial menciona que el cambio climático tiene efecto diferenciado por regiones y estratos de ingreso. En América Latina y el Caribe, el calentamiento afectará dramáticamente los ecosistemas en toda la región, pero en especial la selva amazónica, lo que, apunta, constituye una amenaza para aquellos que dependen de los ecosistemas para su subsistencia.

La menor disponibilidad de agua también tiene consecuencias sobre la oferta de alimentos, por lo que afectará en mayor medida a los pobres, indica el informe. En América Latina y el Caribe, la población de menor ingreso dedica poco menos de la mitad de su gasto a comprar alimentos y bebidas, en contraste con el estrato más alto, que canaliza a ese fin menos de 20 por ciento del mismo.

En el documento también se habla de la necesidad de “una planificación más adecuada a la hora de asignar los recursos hídricos, la adopción de incentivos para aumentar la eficiencia hídrica y la realización de inversiones en infraestructura destinadas a promover la seguridad en el suministro y la disponibilidad de agua”.

En las regiones extremadamente secas del mundo, añade, deben adoptarse políticas de mayor alcance para evitar el uso ineficiente del agua. Según el informe, para lidiar con los factores de estrés climático se requieren políticas y reformas más contundentes.

El informe advierte que la menor cantidad de agua dulce y la competencia que generan otros usos, como la generación de energía y la agricultura, podrían llevar a que para 2050 la disponibilidad del líquido en las ciudades se reduzca en casi dos tercios respecto de los niveles de 2015.

“Hay una luz de esperanza”, manifestó Richard Damania, autor del informe y economista principal del Banco Mundial. “Cuando los Gobiernos responden a la escasez de agua promoviendo la eficiencia y asignando incluso el 25 por ciento del agua a usos más productivos, las pérdidas disminuyen drásticamente y, en el caso de algunas regiones, incluso desaparecen. La mejora en la gestión de los recursos hídricos genera altos dividendos económicos”.

La advertencia del Banco Mundial es importante pero debe hacer que las organizaciones de usuarios del agua, los mismo urbanas que rurales, reaccionen tanto para averiguar a qué se refiere ese organismo que ha impuesto medidas neoliberales y la privatización de los sistemas de agua, cuando habla de “promover la eficiencia” y asignar hasta 25 por ciento del líquido a “usos más productivos”, porque un uso productivo podría ser, para una transnacional como la Coca-Cola, destinar el agua para producir sus nocivos refrescos, acaparando, como busca hacerlo, manantiales y pozos.

Además, promover la eficiencia en términos neoliberales resulta en privatizar los sistemas de agua potable de pueblos y ciudades, incrementando los precios dizque para promover el ahorro del líquido y evitar el desperdicio, lo que puede llevar, como ocurrió en Cochabamba, Bolivia, a la “guerra del agua” que llevó finalmente a la caída del gobernante que la había privatizado y la llegada de Evo Morales al gobierno, pero esa es otra historia.

Para el caso de México lo que requerimos es frenar el crecimiento exponencial del cuasi monopolio cocacolero y otras empresas de esa laya, no sólo con la lucha de los pueblos para evitar la privatización del agua, sino también educando a nuestros niños y jóvenes sobre los problemas para la salud que traen esas bebidas, con exceso de azúcar u otros edulcorantes, prohibiendo su venta en las escuelas y en su entorno cercano, y su excesiva publicidad.

Tanto la salud de niñas y niños, jóvenes y personas adultas se verá beneficiada como su economía si se dan pasos para disminuir el consumo de refrescos y bebidas “energizantes”, al mismo tiempo que los habitantes de pueblos y ciudades se organizan para controlar sus sistemas de agua potable o evitar que los gobiernos municipales y estatales privaticen su manejo además de vigilar que  le den mayor atención y presupuesto a la reparación de las redes de distribución, en las cuales a veces se pierde más de 30 por ciento del líquido por fugas en las mismas.

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Archivado bajo Derechos Humanos, Desarrollo, Ecología, Indígenas, Mujeres, Organizaciones Sociales, Pobreza, Uncategorized

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